Paloma Escort Madrid descubre los secretos de su intimidad (cap-I)

Paloma y Tania en París.
Paloma y Tania podías haber sido una pareja lésbica. En estas historias, siempre es una de las dos chicas, quien tiene más experiencia y quien lleva la iniciativa, mientras que la otra se deja llevar y envolver en la situación. Tania encandiló a Paloma con afecto, regalos, y una invitación a París, ciudad del amor.

Voy a presentarme primero. Me llamo digamos…Paloma. Mi nombre verdad pero no voy a darlo. Soy una chica que ahora tiene 37 años, y lo que voy a contar fue real. Ahora tengo una vida más o menos ordenada en el plano profesional, aunque a nivel afectivo, todavía sigo esperando algo…no sé el qué…imagino que las sensaciones que encontré cuando hace diez años se me ocurrió aceptar una propuesta para hacer de escort ocasional.

Paloma y Tania escorts en Madrid
Paloma se unió a Amigas Escorts en Madrid, para encontrar un entorno seguro donde terminar de definir su sexualidad. Con una experiencia insatisfactoria con los chicos durante su adolescencia, encontró en Tania a la persona que le hizo descubrir sus sentimientos más ocultos.

Soy y era entonces una chica de las que pueden considerarse muy guapas. Siempre tenía a chicos detrás de mí. Morena de pelo, y una piel que con el sol se tuesta con facilidad. Unas medidas casi de pasarela, con 178 de altura, aunque mis pechos no son grandes. De pequeña estaba acomplejada porque era la más alta de mi clase, y mucho más alta que los chicos que se me acercaban. Además, por suerte o desgracia, estudié lo que entonces era la EGB y COU en un colegio de monjas situado en la Calle Padre Damían en Madrid. Mis primera experiencia con chicos fue en realidad en un viaje de fin de curso a Mallorca, pero sin sexo.

Tuve que descubrir mi sexualidad por sí sola. La verdad que ocurrió por casualidad, mientras me duchaba.  Siempre me causó una sensación agradable el acercar el mango de la ducha a mi vagina y rociarme con agua caliente. Un día, cuando tenía 15 años, la sensación se multiplicó y fue a más, hasta el punto de que empecé a tocarme mientras me rociaba con mi ducha y experimenté un clímax que me abrió el deseo de repetir esa sensación una y otra vez. Tardiamente había descubierto lo que era la masturbación, un tema tabú del que nunca me hablaron en el colegio.

Todas las mañanas tenía duchas de placer. Nunca confesé esas sensaciones. Guardaba silencio con disimulo cuando mis amigas contaban lo bien que se lo pasaban con los chicos que conocían, o lo caliente que se ponían. La realidad es que lo que a mi me ponía era ducharme, y la sensación de limpiarme por dentro y por fuera y provocarme un clímax, o al menos,  lo que yo pensaba que era un orgasmo.

La realidad es que siempre he tenido obsesión por estar limpia, guapa. Soy de las que tardan una hora en el baño, y más con diecisiete años. Veía a los chicos como personas con las que había que relacionarse, pasárselo bien, y reirme de ellos, haciéndoles sufrir. Me divertía esa sensación, pero no experimentaba ninguna atracción por nadie en particular. Los veía faltos de higiene, y en la intimidad sentía una sensación de rechazo. Todos los hombres a los que interesaba, se cansaban tarde o temprano. Mientras ello sucedía, yo trataba de sacar de ellos lo máximo…que me regalaran cosas, etc, pero nunca accedía a estar con ellos a solas.

En el plano profesional, mis padres me matricularon en una universidad privada para que estudiara empresariales, y también tuve la suerte de que una agencia de azafatas y modelos me cogió en un casting para Loreal y otras firmas de moda. Al principio, me hizo ilusión poder explotar mi físico, ser mirada…lo que reforzaba mi autoestima… y cuando me duchaba sacaba buen partido de ello. También me valió para conocer chicas de muy buen físico, la mayoría de mi perfil, modelos no profesionales que buscaban en algunos casos una ilusión…en otros, la mayoría… simplemente unos ingresos extras para sus gastos.

No me incomodaba estar en un vestuario con chicas guapas. Tampoco que me mirasen, y empecé a experimetar sensaciones se alta sensualidad. Todas me las llevaba a mi ducha y a mis pensamientos íntimos. Nunca los tuve con chicos de mi edad….siempre con mis profesores hombres, o con chicas compañeras de clase. El ver de cerca a chicas guapas, cuidadas,  empezó a despertarme una sensación de eroticidad que nunca me había surgido.

Hicimos un grupo de amigas. Todas ellas aparentaban disfrutar un buen nivel de vida; vestían bien. Me atraía su estética, su estilo, y su indiferencia por los hombres.

Hasta aquí, mi presentación. En mis estudios…era una chica normal….yendo a una universidad privada es normal que apruebes con cierta facilidad…. Seguí saliendo con chicos y amigas…y en mi vida surgieron dos personas que en esta etapa me marcarían…Sergio y Tania.

Sergio es un buen chico. Lo conocí durante mis estudios de empresariales. Es el chico que gustaría a cualquier chica. Guapo, siempre pendiente de mí…el que cualquier madre homologaría para su hija, por decirlo de alguna manera. La verdad que sexualmente no me atraía en absoluto. Pero no era su culpa. El problema no era de él, sino mío. Ningún chico me ponía sexualmente, y tenía la esperanza de que algún día me surgirían con él sensaciones de deseo y locura…pensando que si no eran con él no sería con nadie.

Tania era una compañera de castings. Muy guapa y delgada, con cabello rubio y una potente mirada de ojos verdes. Era Canaria. Con un Novio con el que en público estaba siempre contoneándose, formando esas parejas que ves a veces en la cola del supermercado, vestidas en mallas deportivas exibiendo su físico. Siempre estaba muy pendiente de mí. Me llamaba para salir, tomar copas…siempre lo relacioné con el hecho de que no era de Madrid, y cuando su novio no estaba, necesitaba apegarse a amistades para no aburrirse. Siempre era muy afectuosa conmigo, rompiendo esa línea confusa, de melosidad y caricias, de las cuales no sospechaba porque ella tenía novio, pero que me creaban un estado hormonal difícil de definir. Íbamos juntas de tiendas, y empezó regalándome ropa interior. Algo que simplemente interpreté como un gesto más, y habitual entre modelos.

Un día, fuimos a unos grandes almacenes a probarnos ropa, a las tres de la tarde de un día de diario, a esas horas donde encontrar gente es un milagro. Nos metimos las dos en un probador con ropa de diferentes tallas…algo común entre amigas. Esa situación era muy habitual. A mí me agradaba, y a ella también, pero mi mente no quería pensar más alla. Ese día me estaba probando unos zapatos, y al no entrarme, me agaché para tratar de metérmelos bien; y cuando me fui a levantar, sin querer rocé mi cuello con su cara, su nariz, sus labios lanzando ella, instintivamente algo así como un beso sobre mi cuello.  De repente me empezó a dar un subidón, y empecé a sudar, poniéndome roja de verguenzae que estaba pasando. Ese estado de culpa por la reacción de mi cuerpo hizo que mevolviera hacia la pared del probador dándole yo la espalda. Me preguntó qué me pasaba, a lo que respondí con un escueto…no sé. Me puso las dos manos sobre la espalda y empezó a rascarme sutilmente…A continuación, deslizó sus manos sobre mis finos frazos y con gesto suave, me guió para que me diera la vuelta, a lo que accedí, pero cerrando los ojos…queríendo escapar de esa situación sin irme al mismo tiempo. Yo seguía con los ojos cerrados y ella empezó a abrazarme y acariciarme la nuca…llevando mi cabeza junto a la suya y besándome en mi frente…A continuación, me dijo…venga…vamos a terminar de probarnos…a lo que contesté con un tímido…vale…pero al mismo tiempo y con los ojos cerrados junté mis labios con los suyos y besé a Tania, accediendo ella, aprisionando mis pechos con los suyos y abrazándome por la espalda. Yo correspondí besando su cuello y acariciándo su rubia melena. Seguidamente…abrí mis ojos…y simplemente le dije…si se enteran me matan…respondiendo ella…¿quién se va a enterar?

Recogimos la ropa…se había hecho tarde….yo tenía que ir a clase y luego Sergio me recogería.

Pasaron días…meses…y no volvimos a hablar de lo que pasó ese día en el probador. Dí a mi vida una sensación de normalidad, pero al mismo tiempo me reconfortaba el hecho de tener un pensamiento íntimo que llevarme a mi ducha. Así transcurrió el tiempo…hasta que un día Tania y su novio rompieronn. Ella se encontraba mal, y un año después, quedamos en un local de la noche madrileña, de copas y música a tope. Después de varias copas…y al abrigo de la situación de semioscuridad, empezamos a abrazarnos, y a besarnos de nuevo. Estuvimos besándonos tres horas sin parar, y por primera vez experimenté una sensación hormonal prolongada, de subidas y bajadas…Supongo que había descubierto lo que llaman atracción.

En el próximo capítulo contaré qué pasó con Tania…y por qué lo que yo creía que era atracción se desvaneció.

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1 Comentario

  1. Hola, creo que tu situación se ha repetido en más ocasiones. Mi caso es parecido aunque mi altura no sea como la tuya y yo estudié en otra universidad. También trabajé hace unos años en una agencia de escorts y a veces tengo ganas de volver aunque es un poco complicado. En la actualidad vivo en otro país pero al estar solo unos días al mes se hace difícil.
    Me alegra leer tu historia

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